La lectura del texto

Esta celebrada pieza del renombrado dramaturgo irlandés Brian Friel, narra la historia de Molly, una mujer adulta, ciega desde los diez meses, con una vida plena y autónoma. Empujada por su esposo, acepta someterse a una arriesgada cirugía para recuperar la vista y conocer al mundo de los que ven. Pero al asomarse al mundo de la vista, tras toda una vida en la oscuridad, Molly termina perdiendo el sentido de sí misma y de la “realidad” tal como la conocía desde niña, y por consiguiente, su plenitud y felicidad. 

Inspirada en un caso clínico verdadero, la obra reconstruye esta conmovedora parábola existencial a través de poéticos monólogos interiores que entrelazan las perspectivas subjetivas de sus tres protagonistas: Molly, su esposo Frank y el oftalmólogo Rice, apelando explícitamente al rol participativo y testimonial del público.

La historia de una ceguera vivida con dignidad, cognición y jovial aceptación, en plena realización profesional y existencial, en oposición con la milagrosa recuperación de la vista que conlleva desadaptación y un no meditado drama humano.

  • Una obra de reconocido valor literario, teatral y artístico, ganadora de los prestigiosos premios: Lucile Lortel Award, Outstanding Play 1996 y New York Drama Critics Circle Award for Best Foreign Play
  • Desde su debut irlandés, en 1994, e internacional en Broadway, en 1996, Molly Sweeney ha sido presentada de forma ininterrumpida hasta la fecha en un sinnúmero de montajes y temporadas alrededor del mundo, siempre con gran impacto y éxito.
  • Alabada por la crítica internacional, ha sido aplaudida por el público en los contextos culturales más dispares: Irlanda, India, Pakistán, Italia, España, México, Turquía, Rusia, USA, Grecia, Rumania, Canadá, Checoslovaquia, China, Alemania, Portugal etc.  Estrenada el pasado Abril también en Buenos Aires.
  • Inspirada en el caso clínico analizado por el prestigioso neurólogo y escritor estadunidense  Oliver Sacks en su ensayo “Ver y no ver”, la obra desafía existencial y filosóficamente la noción misma de normalidad versus diferencia.  
  • Nunca antes montada en Chile

 

La Crítica Internacional:

Molly Sweeney es muy entretenida, proporciona risas de la mano de preguntas existenciales.  Esas risas desvanecen rápidamente, como cualquier carcajada. Pero las preguntas se quedan con nosotros para siempre. Una reflexión profundamente conmovedora sobre la esperanza, el cambio y la desesperación.

The New Tork Times, 2011

La transformación del caso clínico en texto teatral es extraordinaria. El ya palpitante estudio de Sacks se torna relato moral, poético y dramático de admirable intensidad.

Corriere della Sera, Milán, 2008  

La obra es dulcemente cruel, un drama que emociona. Los espectadores permanecen inmóviles, sin que se escuche su respiración, como si no quisieran creer la dureza poética de lo que presencian… y luego aplauden entusiasmados.

El País, Madrid, 2008

“Un prodigio de ingeniería dramática con tres monólogos que tejen una historia en un inigualable cóctel de emoción, conflicto y acción dramática.

El Periódico, Cataluña, 2012

No admiro a ningún otro autor contemporáneo tanto como admiro a Brian Friel… Su Molly Sweeney es magnífica.

Peter Brook

Una vez más, Friel nos sorprende con una obra maestra.

The Indipendent, Londres 

Un poema dramático de incontenible fuerza y pathos irresistible.

The Observer, Londres, 1994

 

Premisa argumental:

Aprender a ver no es como aprender un nuevo idioma. Es como aprender a hablar por primera vez.

Denis Diderot

El caso clínico de 1991 que Oliver Sacks, el prestigioso neurólogo y escritor recién estadunidense, analiza en el ensayo Ver y No Ver de su libro Un antropólogo en Marte, sirve de inspiración a Brian Friel para la obra Molly Sweeney, como el mismo dramaturgo relata en su diario de escritura. El milagroso caso de Vírgil, un hombre de cincuenta años, casi ciego de nacimiento, al que el progreso tecnológico ofrece la posibilidad de volver a ver gracias a una cirugía de última generación. Pero que al abrir los ojos a la capacidad sensorial de su retina y nervio óptico para volver a recibir impulsos sin contar con recuerdos visuales que sustenten su recobrada percepción visual, se encuentra repentinamente con una nueva realidad totalmente desprovista de sentido y coherencia para él. Se encuentra sin sentido, o como lo definen los neurólogos, se descubre improvisamente “agnóstico”: es decir, en esa condición clínica en la que el paciente “ve pero no conoce, en la que no reconoce lo que ve”. Los nuevos impulsos sensoriales visuales no pueden ser decodificados por su cerebro acostumbrado a ver de otra forma, a relacionarse, recordar y decodificar la realidad a través de los demás sentidos. Ahora tiene que pensar de modo diferente en relación a como lo hacía antes. Debe aprender, como un bebé, a ver cada cosa de nuevo, inseguro de lo que significa lo que ve. Entonces Vírgil, apesadumbrado por una baja de defensas, agobiado por la depresión y presionado por la normalidad de lo demás que le exigen ver como ellos ven, opta por una segunda y definitiva ceguera, que ahora recibe como un don: huye “de la luz deslumbrante, del confuso mundo de la vista y el espacio, y regresa a su verdadero ser: el íntimo y concentrado mundo de los demás sentidos donde tan a gusto se había sentido durante casi cincuenta años”.

La pieza de Friel traspasa el caso original a un personaje femenino, Molly, y a través de un poderoso poema dramático narrado a tres voces, reconstruye esta conmovedora parábola existencial que cuestiona y desafía ética y filosóficamente la hegemonía y sobrevaloración del concepto de normalidad por sobre la diferencia. Una obra que motiva a preguntarnos si es justo desarticular los referentes constitutivos de un ser humano en nombre de la noción de normalidad de la mayoría.

Similarmente, el texto nos interpela como sociedad a reflexionar acerca de uno de los nudos simbólicos que cruza la historia de nuestra civilización: la oposición entre vista como capacidad sensorial y visión como facultad espiritual o de nuestra conciencia; nos propone relaciones y nexos que ponen en discusión: percepción y conocimiento, el ver y el entender. Y nos señala la deficiencia de nuestro lenguaje que tiende a hacer coincidir el ver con el nombrar; así como el eterno conflicto entre materialismo e imaginación.